Existen
lugares deshabitados que se hallan intensamente habitados.
Si afinamos el oído,
escucharemos el ritmo del hacha que prepara la leña para el invierno, el
puchero en el interior de la casa, los niños correteando y jugando, el abuelo y
la abuela discutiendo mientras preparan las conservas. Oiremos sin cesar las
gallinas, de vez en cuando los perros y muy de vez en cuando el burro rebuznar.
Percibiremos el aire, el sol del otoño y mirando al cielo nos preguntaremos si
mañana lloverá.
Entonces,
si afinamos la vista veremos un halcón volar.
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