lunes, 14 de diciembre de 2015
domingo, 13 de diciembre de 2015
Otro relato rescatado del desván
VIVIR EN TI
Soy ciega, sorda y muda de nacimiento, pero no
me quejo. Vivo de lo que a través de mi piel me
llega. No puedo ver el sol, pero sí sentir sus
cálidos rayos acariciar todo mi ser para calentar mi
alma. No puedo oír el canto de los pajarillos, pero
sí es música lo que hay en mi interior cuando me
llega su dulce y rumoroso arrullo mezclado con el
aire que respiro. No puedo hablar con los niños
pero siento la luz de su cariño y pureza y soy
capaz de notar la alegría de sus juegos sobre la
tierra a la que pertenezco.
me quejo. Vivo de lo que a través de mi piel me
llega. No puedo ver el sol, pero sí sentir sus
cálidos rayos acariciar todo mi ser para calentar mi
alma. No puedo oír el canto de los pajarillos, pero
sí es música lo que hay en mi interior cuando me
llega su dulce y rumoroso arrullo mezclado con el
aire que respiro. No puedo hablar con los niños
pero siento la luz de su cariño y pureza y soy
capaz de notar la alegría de sus juegos sobre la
tierra a la que pertenezco.
Soy ciega, sorda y muda pero siempre fui feliz.
Hasta que un día…
Allí, en aquel parque, cúmulo de todas mis
sensaciones, te sentí por primera vez. Caminabas
despacio, con aquel paso tuyo, tranquilo,
majestuoso y sencillo a la vez. Noté tu presencia
acercarse poco a poco y el sol me trajo una brizna
de tu luz para recrearme en ella. El viento me
regaló el ritmo de tu corazón que latía hermoso,
destacando entre todo el gentío de aquel
atardecer. Pero pasaste a mi lado sin siquiera
verme, quizá lo prefería, pues me noté ruborizada.
¡Ruborizada! ¿Yo?
Sí, así era. Qué extraña sensación, desconocida
hasta aquel entonces.
Al día siguiente, sólo pensaba en ti y deseaba
más que nada volver a sentirte. Llegó el atardecer
y con él tu presencia de nuevo, dejándose adivinar
entre todo un mundo repleto de colores que no
veía y un infinito de música que no escuchaba. Tus
pasos fueron aproximándose más y más, hasta que
se detuvieron por completo. ¡Te habías sentado a
mi lado! Quise gritar pero no pude. Quise tocarte
pero me era imposible. Nerviosa, excitadísima,
atada por mis limitaciones, lloré de impotencia
cuando al poco rato noté que te marchabas.
Tu cada vez mayor lejanía era como fuego que me
hiciera arder y convertir en cenizas.
Entonces, mis amigos los árboles, alarmados por
mi tristeza, intentaron consolarme, aunque no
podían disimular su sorpresa al descubrir que me
estaba enamorando. Sin pensarlo, decidieron
ayudarme y aquella noche, mientras yo dormía
soñando con aquel, tu amor imposible, ellos
fabricaron, con su savia, la magia.
De nuevo, al atardecer del día siguiente, te sentí
llegar. Pero había algo extraño en tus pasos, más
lentos y cortos que de costumbre. Algo te ocurría,
la tristeza se hallaba en tu corazón. Temí que no
te sentaras a mi lado y que pasaras de largo como
la primera vez. Pero no fue así y tu presencia se
detuvo a descansar junto a la mía, entonces, la
magia de los sabios árboles se desplegó ocupando
todo el espacio. Inmersa en el encantamiento,
pude abandonar mi cuerpo para flotar en el aire
junto a tu hermosa aura y verte. Sí, pude ver tus
grandes y maravillosos ojos oscuros y también
tocarte, aunque tú, sólo podías sentir como un
ligero roce del viento mis caricias. Abracé tu piel y
te hablé con palabras llenas de poesía en tímidos
susurros de silencio que se perdían entre los
últimos rayos del atardecer.
Quise enamorarte con palabras que jamás
escucharías. Quise hacer desaparecer tu tristeza
con mis dedos imposibles de tentar.
De pronto, tus latidos se aceleraron y todo el
hechizo se perdió, se difuminó en el instante en
que por fin te diste cuenta de mi simple existencia
y volví a ser aquella pobre ciega, sorda y muda.
Advertí cómo te acercabas hasta sentir tu aliento
a mi lado. La felicidad me arrollaba, me conmovía
por momentos y de tus labios nacieron palabras
confusas por la dicha que te envolvía y yo, yo me
sentí feliz de ser la protagonista de tu alegría.
Sí, me hallaste perdida en aquel parque, en
ningún sitio, me tomaste con tus manos y me
llevaste hasta tu jardín, invitándome a vivir a tu lado.
Noté extraña aquella tierra tuya, pero pronto me
habitué y poco a poco mis tímidas raíces fueron
arraigando, profundizando cada día más.
Todas las mañanas, feliz, te acercabas a
desearme buenos días, me sonreías y después de
dejarme tu luz volvías a marcharte. Yo no te veía,
pero sentía el amor que dejabas junto a mí.
Mientras, tus pasos, fuertes y grandes, se
alejaban de aquel jardín tuyo que hiciste mío.
Creció mi cuerpo junto con tu amor y con él el
deseo de por ti ser tocada. Cada tarde, a tu
regreso, te sentabas junto a mí y rozabas tus
dedos con mi piel, me hablabas y acariciabas con
tal ternura que en nuestros íntimos amaneceres de
amor, lo que tú creías rocío, no eran más que
inquietas lágrimas de felicidad imposibles de
contener.
Y una mañana, loca ya de pasión y amor por ti, no
lo pude evitar y de mis entrañas, desde lo más
profundo de mi esencia, brotó una flor como
regalo por todo lo que por mí hacías. Te sentí
entonces gritar de alegría cuando me viste así
engalanada y agradeciste mi don con tu agua que
yo esperaba sedienta tras el esfuerzo. Después,
me hablaste por vez primera de amor…
Pasaron los días y me pareció que aquella flor
para ti y aquel agua para mí, era demasiado poco
para lo que el uno sentía por el otro y decidí hacer
tuyo mi más preciado bien: el fruto de mi existencia.
Y así, dejé morir mi flor y nacer de mi savia mi
corazón, mi fruto rojo como tu sangre, envuelto en
el brillo mismo de la vida.
Iluminada por la dulce luz del pecado envuelta
por el aura de la provocación, quise embriagarte
con mi belleza, sugestionarte con mi cuerpo y
despertar en ti el hambre y el deseo de mi carne… y
lo logré.
Aquella noche, con el resplandor de la luna llena
como único testigo, no pudiste soportar ni un
momento más la tentación y con la mayor ternura
que se pudiera imaginar, me arrancaste de mi
anterior vida y me llevaste, furtivo, hasta tus labios.
Mientras, yo desplegaba mi mejor aroma para
hacer más intenso nuestro encuentro.
Saboreaste despacio mi cuerpo, recorriendo con
tu húmeda lengua cada rincón de mi ser. Yo me
moría derretida en el deseo de ser completamente
tuya. Y por fin, tu boca me mordió partiéndome en
dos.
Todo mi jugo, entonces, se mezcló con tu saliva.
Mi esencia y existencia se fundieron en mi vida que
pasó a ser tuya. Tu cuerpo se estremeció de
placer ante mis caricias y tus oscuros ojos se
cerraron para sentir más fuerte y pura la unión.
Hasta que me devoraste.
Ahora vivo en ti, repartida
por todo tu ser,
alimentando nuestro amor. Ya no soy ciega, sorda
y muda, dejé de ser una simple fresa.
alimentando nuestro amor. Ya no soy ciega, sorda
y muda, dejé de ser una simple fresa.
KIKE. 1998
jueves, 10 de diciembre de 2015
Y GRITASTE MI NOMBRE
Quiero desde mi alma, lo único que poseo y que aún
permanece en mí como único vínculo de unión entre tú y yo, dejar brotar mis
palabras imposibles hacia ti.
El tiempo aquél,
tuyo y mío, donde cada instante era cierto, mecía nuestro amor de tu parte a mi
parte, de tu corazón al mío, iluminando la tenue oscuridad que lentamente se
extinguía en la luz de nuestros ojos.
Desaparecí, me fui
de tu vida, dejándote allí, en lo que había sido nuestro mundo, nuestro hogar,
en soledad con tu dolor y desesperación. Lo siento, te dejé cuando en susurros
te prometía amor eterno, cuando más sentía tu presencia en mi interior. Me
marché sin despedirme siquiera, así y tu vacío se hizo aún mayor.
Aún recuerdas mi
rostro enamorado, pleno de satisfacción y alegría, empapado en la sonrisa de
tus labios y también cómo mis latidos me inundaban de felicidad cuando mi mano
viajaba por tus cabellos hasta tus mejillas, haciendo de tu ritmo el mío. Aquellas noches de estrellas en los dedos
que brotaban del contacto de tu piel en la mía, amor apasionado y fugaz, el
encuentro de dos cuerpos haciéndose uno para siempre…
Atrás quedaron tus
lágrimas de mi ausencia, tu tristeza de mi soledad y tu rostro oculto tras
temblorosas manos que nunca más volverían a tocarme y en aquel nuestro lecho,
el frío hueco deshabitado. Yo te veía, en tus noches de fiebre, alargar el
brazo y despertar por el dolor de los dedos que no encuentran el lugar donde posar
la ternura de sus caricias.
Ahora, después de
tanto tiempo y de todo lo ocurrido, no puedo negar, cada vez que te veo a lo
lejos que todavía siento lo que siento, que el amor eterno existe. Y me duele
porque hoy, nuestro amor de ayer, es la tristeza de tus ojos.
Algunas noches
entraba furtivo en tu habitación y me acercaba a tu respiración, a tus latidos,
a tu calor, pero dejé hacerlo cuando noté que sentías frío ante mi presencia.
Hace unos días vi tu
rostro por última vez mientras mirabas el vuelo de los vencejos en el cielo,
por unos instantes quisiste verme sobre sus alas negras y sobre ellas viajó tu último pensamiento hacia mí. Reflejaste el deseo de lo que un día pudo haber
sido tu vida y no fue, pero te aferras a la resignación de quien ha amado de
verdad. En ese gesto de lánguido recuerdo hay un asomo de felicidad que me hace
feliz.
Tus ojos brillan con su luz de nuevo, ya no se apagan intentando ver más allá del
vuelo de los pájaros… Tu rostro se ha endurecido con el paso del tiempo y aunque me siento
dichoso de que vuelvas a vivir, no puedo dejar de sentirme culpable cuando veo
mi nombre en alguna de sus arrugas.
Es curioso que hoy
decida escribirte aunque sé que es imposible que alguna vez leas estas
palabras, quizá por ello lo he hecho.
Desde mi adiós pasó
un frío tiempo, tú lo sabes mejor que yo, porque yo ya no lo siento y
entonces, aquella noche
regresaste con compañía. Pese a tu inseguridad te dejaste llevar y mis
caricias, las que sólo habías tenido para mí, se hicieron insoportablemente
suyas y así, tu despreciable boca, mi dulce boca, fue suya y tus miserables
dedos, mis enamorados dedos, fueron suyos y la parte de mí que aún tenía pasó a
ser suya.
Escondido en el frío
aura del que observa desde la inexistencia, te vi dejar su infame cuerpo
desnudo de la misma forma que desnudabas el mío. Te vi besar sus labios de
igual forma que besabas los míos.
Ruido ensordecedor y endemoniado. Toleraste
que te tocara por todo el cuerpo y dejaste hacer nacer el deseo en ti. Tú acariciaste
su piel como acariciabas la mía y comencé a sentirme agobiado. Mientras,
hipócrita, vulgar e irritante chirriaba el metal.
Repugnancia
exasperante, egoísmo, conversión en putrefacción y decrepitud acelerada de los
sentidos. Me vi como el payaso que muere hundido en la malvada asfixia de su
llanto, ruin, desgraciado… humano.
Te movías y gozabas
y te entregabas y te deshacías hasta que abrazaste su cuerpo contra el tuyo con
desesperación y fuerza. Fue el instante del orgasmo… y gritaste mi nombre. Desde
mi oscuro silencio, todo mi odio, en un segundo, se transformó en doloroso
amor.
Espié tu camino
cuando paseabas sola por el parque, con la mirada callada y perdida entre tus
pasos grises y comenzó a llover. Entonces levantaste tu rostro, cerraste los
ojos y abriste la boca. Yo recordé que siempre decías que mis caricias eran
como el agua de lluvia sobre la piel.
Te imagino aún,
sobre aquel nuestro antaño lecho de amor, alargar tu brazo para tocarme y no
tocarme, inclinar tu rostro para besarme y no besarme, hacer el silencio para
escuchar mi respiración y no respirarme y yo, sin poder evitarlo, imagino que
estoy allí que nos tocamos que nos besamos y hacemos el silencio para
respirarnos el uno al otro.
Mi ausencia rompió
tu frágil corazón de cristal y sus reflejos de dolor incontenible tardaron
tanto en apagarse… Dicen que a veces hablas con alguien cuando estás sola. Mis
palabras.
No sé cuánto tiempo
ha transcurrido porque desde aquí el tiempo no existe y es desde esta
inexistencia donde nacen mis palabras
muertas de mí y vivas de ti. Te escribo porque el olvido de tu presencia se
apodera de mis ya pocos recuerdos que aún se resisten a borrarse de mi alma, pero
que poco a poco como todo yo, tienden a diluirse en la nada como todo lo que fui
desde el momento en que te dejé.
Y aunque mi muerte
nos separó, nuestro amor, aquel que un día tuvimos, seguirá viviendo
eternamente desde mi oscura dimensión, brillando junto a las estrellas y
brillando en tus ojos.
Mi alma, lo último
que me queda, se va. Ayer incluso dejé de recordar tu nombre, me pierdo en la
nueva dimensión que se crea ante mí y que me llama y me hace olvidar y sentir
tanto la pérdida de tantas cosas bellas.
Se acaba el tiempo.
Tiempo, sólo quisiera el suficiente para una vez más. Entregaría mi eternidad
por unas horas más a tu lado.
Tiempo, sólo el
suficiente, antes de difuminarme, antes de la nada y el vacío, el lugar donde
ya no estarás. Me lleva, me toma, su penumbra quieta. Adiós.
KIKE 1998
sábado, 21 de noviembre de 2015
viernes, 20 de noviembre de 2015
Dibujo de palabras
LIENZO PARA LUISA
Como dijiste que te
ibas a ir, quise antes retratarte, no fuera
que tiempo y ausencia,
me hicieran caer en la niebla amortajada
del olvido.
Pero como no es lo mío la
pintura, tuve que crear colores
mezclando matices
que fui escogiendo de tu mundo.
Así, trazo a
trazo, nació mi lienzo sobre esta humilde cuartilla.
No quise muchos
acentos ni comas para no perfilarte pecosa,
pero respeté los puntos, no fuera a quedarme sin la gracia pequeña
e
infinita de cada uno de tus
lunares.
Y entonces…
…con el rumor de las
olas del mar describí la marea de tu cabello,
después, con su quieta plenitud, dibujé tus ojos de atardecer
rendido brillando por encima de la oscuridad .
…de la noche y sus estrellas tomé
su manto de seda tibia para tu
piel desnuda. Con él te vestí, pincelada tras pincelada,
mientras tus
párpados aún dormían
el sueño vivo y eterno que yo, hice
mío.
...¿Recuerdas nuestro
caminar? De aquellos paseos contigo recogí
sus caricias de viento y
frescura de tierra mojada. Paz susurrada que
siempre entre mis
dedos.
…del vuelo de los
vencejos y nuestros caminos errantes inspiré
tu mirada
perdida que halla la mía para así, transparente, esbozar
tu
sonrisa que revolotea
hasta la mía como lo hiciera antaño.
…animado, me
dejé llevar del misterio de tus robles y con su
veta abierta construí
un marco que solo habla del silencio, del sigilo de
cada palabra no pronunciada que ahora,
no lo puedo negar, escucho
cada día.
…de las ilusiones
cumplidas contigo tomé su luz y con ella
iluminé
de tenues reflejos de felicidad este lienzo imposible. Ahora
y para
siempre, sé que jamás le faltará
su luz, aquella que solo tú has
podido darme.
Y es mi manera de caer
en la inocencia culpable de los
detalles.
Detalles de acuarela y pincel mojado en la humedad que
se desprende
de la incomprensión de
nuestros párpados.
Kike marzo 2013
miércoles, 18 de noviembre de 2015
lunes, 16 de noviembre de 2015
Recuerda ...
... si eras de aquellos que prefería quedarse dentro,
escondido en la oscuridad, a salvo de las alimañas y de las
inclemencias del tiempo, a salvo de amenazas y peligros,
obedeciendo las extrañas voces que te hablaban desde
el interior.
Recuerda ...
... si por el contrario eras de los que prefería arriesgar y
salir y descubrir la luz y el color, desoyendo las voces.
mediados de Noviembre 2015 alrededores de la finca salvaje
después de leer filosofía.
domingo, 15 de noviembre de 2015
miércoles, 11 de noviembre de 2015
Deshumanización
DESHUMANIZACIÓN.
Me
doy cuenta de que me estoy deshumanizando.
Casi a diario puedo ver en la televisión una
explosión que
quita la vida a niños, mujeres, hombres, sin distinción alguna.
Personas que están ahí y de repente dejan de estarlo.
Después yacen algunos
vivos, otros muertos pero todos en el
mismo charco de sangre.
O
quizá es una mujer semienterrada, atada y tapada con un
saco que sabe que va a
morir mientras una multitud la apedrea,
quizá por el hecho de haber sido
violada, o quizá, la mujer es
de
aquí y aparece con una manta que oculta
que ha sido
degollada por un marido abandonado.
En ambos casos, los locutores se ahorran
aquella añorada
coletilla que venía a
decir algo así como que las imágenes que
van a ver a continuación pueden herir
su sensibilidad.
Ciertamente,
por desgracia, he de reconocer que en mi caso
hacen muy bien en ahorrársela.
Últimamente (hablo de años)
esas imágenes y otras que todos sabemos, no afectan
a mi
sensibilidad, es más, las puedo ver comiendo o cenando tan
tranquilamente. ¿Les suena?
Está
claro, ya de paso, que esa falta de sensibilidad implica
después una aberrante pérdida de empatía por mis
semejantes.
Sin embargo, sí hubo hace unos meses unas
imágenes que me
golpearon dentro.
Se
trataba una vez más un atentado, no recuerdo en qué
parte del mundo. Había en
una plaza por lo visto una bicicleta
bomba, todo estaba acordonado y un
especialista en
desactivar estos artefactos se acercó con un pastor alemán
que
movía el rabo alegremente a la bicicleta
que estaba justo
en un ángulo que no se veía. Unos metros antes de llegar se
produjo
la explosión e inmediatamente apareció huyendo de
allí el hombre, que
iba totalmente equipado, tirando de la
correa, arrastrando el cuerpo del animal
inmóvil.
Ese
día no comí y me aferré a la esperanza de que aquel
hombre iba hacer todo lo posible por ese inocente perro, su
compañero, que tan solo iba a jugar a
descubrir bombas.
Hace
unos días, en China (esta vez y es muy curioso, sí que
avisaron de que podían
herir nuestra sensibilidad) aparecía
con
casi todo lujo de detalles como se estaba dando caza a
perros no sólo
callejeros, también robados de sus dueños
para simplemente fabricar bolsos o
juguetes con su piel.
Esta vez no voy a
entrar en más crueles detalles.
Tuve, esta vez, una sensación de infinita
tristeza que acabó
en náusea.
Sin
embargo, ha sido hace un par de días cuando navegando
me tropecé con lo que hasta
ahora más definitivo ha sido a la
hora de tener clara mi deshumanización y no
por sorpresa, la
ya total y absoluta entrega
a mi canización (esta es una nueva
palabra que se refiere al hecho de
hacerse can, o sea, perro)
visto el claro exponente diferencial de valores.
Esta
vez fue una foto donde aparece un lobo abatido con
una escopeta encima, un
cazador a su lado y otro lobo
atrapado
en un cepo que mira toda la escena
aterrorizado.
¿cómo
puedo pertenecer a una especie tan cruel?
El
lobo abatido no quiso dejar solo a su compañero.
KIKE. Mediados de noviembre 2015
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