Pensando lo que vamos a hacer en la zona del bosque de nuestra Finca Salvaje.
domingo, 24 de enero de 2016
sábado, 23 de enero de 2016
Mis amigos los animales a mediados de Enero.
Entonces te dejas llevar de la mano por el silencio y sientes que los
instantes pesan. Paladeas su intensidad con la intranquila conciencia de que
estás acariciando una perfección que nace de lo cotidiano y que, sin embargo, puede ser tan
eternamente efímera que apenas te atreves a pestañear por no perder un detalle,
tampoco a moverte por no romper su frágil quietud, ni siquiera a gemir en ese
santuario de vida improvisado que son los momentos perfectos.
Quizá los árboles estén diciendo que no es necesario ir más allá,
aunque la vieja yegua parece fundirse con ellos ante la mirada contrariada del
potrillo.
Después de desbrozar, arrancamos las labores de nuestra huerta salvaje con limpieza de vegetación, poda de parra y celindo y saneado de alberca
Cuando termine la limpieza de la alberca introduciré una escalera para terminar de podar la parra por su parte más aérea. La hiedra que es muy invasora me obligará a buscar por donde atajar su propagación.
jueves, 21 de enero de 2016
martes, 19 de enero de 2016
LOS ECOS DE LA HISTORIA PERMANECEN.
¿Quién recoge las palabras perdidas?
Hay un ser que vive en las zonas húmedas y umbrías de los bosques. Si te acercas a sus comunidades en silencio y sabes escuchar, podrás oír las palabras intemporales que un día fueron pronunciadas y que permanecen aún, como rumores escondidos, entre las piedras de esos muros. Palabras imposibles que dejaron escapar los duendes mientras ideaban sus travesuras , palabras mágicas que pronunciaron los druidas mientras preparaban sus pócimas, palabras valientes de soldados que marchaban a la muerte, palabras de tierra y agua de los aldeanos.
El musgo guarda acolchadas todas y cada una de esas palabras, dejando así a buen recaudo los ecos de la historia.
KIKE
Mediados de Enero del 2016
jueves, 14 de enero de 2016
La aceituna
Un día estupendo, con una temperatura más que agradable, con el rumor
del arroyuelo a nuestros pies.
El fuerte viento del otro día a tirado prácticamente toda la
aceituna al suelo. Sólo queda barrerla y cribarla, nos ahorramos el trabajo de
varearla (ya sabéis, darle con una vara para tirarla del árbol) pero es mucho
más trabajoso tener que barrerla y recogerla del suelo, además, con las últimas
lluvias la hoja y la morralla se pegan.
La variedad de aceituna de éstos lares es la Manzanilla Cacereña, excelente para verdeo (aceitunas de aperitivo ) por ser muy carnosa.
Para la producción de aceite resulta crucial su bajo rendimiento graso (7-10%) lo cual conlleva un rendimiento hasta tres veces menor a la hora de su elaboración, sin embargo ésto le proporciona unas características únicas que lo llevan a ser considerado como uno de los mejores aceites.
martes, 12 de enero de 2016
jueves, 7 de enero de 2016
martes, 5 de enero de 2016
Para mis amigos los optimistas
UNA Y OTRA
Era sé una vez Una que
se dio cuenta de que solo era una.
Aquella tarde, después de
pensar larga, largamente, decidió por fin buscar a Otra. Lo cierto es que Otra
también había tenido la misma idea y buscaba a Una y claro, no tardaron en
encontrarse. Y cuando lo hacen, se miran, se quedan así un momento, se desmiran,
se vuelven a mirar y se quedan como mudas, en silencio, como
atontadas, pero oye, un buen rato. Hasta que Una, después de pensar largamente,
se le ocurre que habrá que buscar a Palabra. Otra, que tampoco tiene la
palabra, no dice nada, pero claro, para no dejar de ser Otra se va con Una porque,
cree, no puede haber Otra si no hay Una y piensa para sí: “Evidentemente”.
Ni dos minutos tardaron en
encontrar a Palabra que andaba por ahí de marcha entre libros, revistas, bares
y terrazas. Palabra nunca para, por eso es fácil dar con ella y luego, qué
gracia, justo en el momento en que pudieron hablar, mira por donde,
pasó por allí Sorpresa, que es toda una experta en presentarse en el
momento más inesperado y, a ver, imagínate...
--.¡Ya podemos charlar!
--.¡Sí, por fin!
Y las dos:
--.¡Sor-pre-sa, Ja,ja,ja!,
--.¡Ya podemos charlar!
--.¡Sí, por fin!
Y las dos:
--.¡Sor-pre-sa, Ja,ja,ja!,
Y así, de esa manera, comenzó la comunicación entre Una y Otra y bueno, se liaron a hablar, hablar, hablar hasta que un día ya no sabían que decirse. Sí, de pronto, se quedaron sin temas de conversación y antes de que pudieran evitarlo, se coló en casa Aburrimiento, y peor aún: se quedó.
Madre del amor hermoso, ¡qué tío!, pero si solo para presentarse ya se le caían los bostezos!.
--.Hooooolaaaaaaauuuuuuu....Sooooooyyyy aburrimieeeennntooooaaaaauuuu.
Patético, pero, no solo eso. Era como contagioso. No. Mejor dicho, era algo así como... o era al revés, que era como algo así...Perdón, les aburro.
Menos mal que Una y Otra ya tenían palabra y después de pensar larga, largamente porque hasta pensar les aburría ya, decidieron de manera urgente buscar a Alegría. Pero, imposible. No hay manera de hallarla cuando está el tal Aburrimiento cerca. Menos mal que se quedó sin pilas el mando a distancia de la tele y cuando bajó al sótano a por unas nuevas, Otra que pasaba por ahí, ¡Zas!, lo encerró.
Justo en ese momento, mira tú por dónde,
pasaba por ahí Alegría.
Sí, Alegría , avisada finalmente
por Ausencia, se presentó con su gran amigo Humor.
--.No me extraña nada que tengáis por
ahí encerrado a ese plomo de Aburrimiento. Ya decía yo cuando he visto venir a
Ausencia que aquí faltaba algo, pero si salta a la vista que esta casa
está privada de toda personalidad.
En un
momento Alegría se puso a discutir con Humor entre risas (creedme) y
después, en silencio pensaron muy larga, largamente y ...
¡Caña al móvil!
Abrir y cerrar de ojos es lo que
tardó en aparecer Música y en su compañía los Ritmos, esos gigantes
enanos que se cuelan en todas partes.
Poco
después hizo acto de
presencia
su Majestad Amistad. ¡Qué personalidad de personaje! ¡Qué personaje
de personalidad! Siempre presentándose a todo el mundo, venga a dar la mano y
venga a dar besos y abrazos. ¡Qué pesado! Menos mal que por si surgían
asperezas llegó con una lima ese que tenía nombre compuesto, un tal Buenrollo.
Nombre más raro ¿verdad?.
Saludando con cortesía,
entró en escena una chica así como muy especial, Cultura. iUhmmm! no sabría describirla, era mirar sus ojos de arco iris e iniciar un viaje
a todas partes. Y sus palabras, yo me di cuenta, sus palabras permanecieron
para siempre entre Una y Otra.
Y bueno, la verdad es que si
primero fue buscar y luego llamar, lo siguiente fue un no parar de llegar
personalidades como sonriendo lo hicieron Simpatía y Felicidad, la inquietante
Danza, luego Compañía y su inseparable amiga Cercanía, agarraditas de
la mano. Y cuando estaba el ambiente bien animado apareció, como no, la
extravagante Locura dando brincos y gritos de acá para allá haciendo volar las
gasas de su vestido rojo.
Y ya se acabó de liar:
¡DIS-CO-TE-QUE!
Atraída por el jaleo hizo acto de
presencia Provocación con todo su repertorio de miradas furtivas y a su lado,
la más sexi de la noche: Tentación, seductora, transparente y excitante. Tras
ellas sin perderlas nunca de vista, Madame Pecado, Reina de la elegante
sinuosidad.
Y pasar de horas traviesas
de colores que se mezclan con las brumas de las invisibles esporas...
Hasta que llegó un nuevo y extraño invitado que ni Una ni Otra conocían.
--.¿Quién eres?
--.¿Cómo te llamas?
--. Mi nombre es y siempre será aquel
que más deseéis.
Entonces Una y Otra, se
acercaron, no pensaron larga, largamente y se besaron.
Kike,
diciembre 2012
lunes, 4 de enero de 2016
Relato para que los abuelos se lo lean a los nietos y también, también para que los nietos se lo lean a los abuelos.
EL RELEVO
Recuerdas, viejo, aquellos días de mi infancia cuando apenas tenía
seis inviernos…?
Emocionado, solía esperar tu regreso para jugar con todos aquellos
regalos que me traías de tus viajes por el mundo; juguetes de aquí y de allá.
Eran fantásticos y a mí me parecían maravillosos. Tú eras mi gran compañero de
juegos cuando estabas en el pueblo y cuando de nuevo te marchabas, con la
mochila a la espalda, tu camisa a cuadros, tus pantalones de pana, aquellas
duras botas que parecía que jamás se
iban a romper y ese sombrero de piel tocado hacia atrás con una larga pluma,
entonces, la tristeza invadía todo mi ser. Caminabas con tu paso largo, rápido,
decidido y en tus ojillos un brillo de total felicidad. Tú nunca pudiste
permanecer mucho tiempo en el pueblo, siempre buscabas la aventura, la
naturaleza, nuevos caminos que recorrer.
Yo te acompañaba hasta las afueras del pueblo para verte desaparecer
en el horizonte. Luego, pasaban los días y cuando tenía algo de tiempo, entre
el colegio, las faenillas de mi casa o la corta cuerda que mis padres me imponían, conseguía entonces escaparme hasta la cumbre de ese monte cercano, tuyo y
mío, dejándome los ojos allá lejos, donde la tierra y el cielo se unen confundiéndose y así, esperar
hasta que quizá descubriera tu silueta y poco a poco verte llegar como siempre
lo hacías, cansado, roto, sucio.
Pasó el tiempo y con él cumplí mis doce años. Ya no esperaba más tus
regalos, deseaba que volvieras para encontrarme en tu casa, sentarme contigo al
calor del fuego de tu chimenea, ver como encendías tu pipa y empezar a volar
sobre tus palabras, palabras que hablaban en susurros llenos de emoción de
viajes y aventuras mientras me mirabas con esos ojillos llenos de vida y color
que todo lo veían. Eras pura distracción y admiración para mi, hasta que el
sueño se hacia invencible.
Más tarde, de ir haciéndome un hombre y adquirir mi buena dosis de
razón, sentí que tus palabras, tus caminos y andaduras formaban parte de mi
propia vida.
Tú me hacías cambiar de dimensión, haciéndome penetrar en otra de
formas puras, haciendo moverse mi imaginación de un lado a otro, con la mayor
delicadeza que se podría esperar.
A veces, cuando me hablabas, yo abandonaba mi cuerpo dejándome
trasladar en el espacio y el tiempo. Tú me hacías feliz, aunque solo fuera
durante un tiempo porque más tarde o más temprano volvías a marcharte, a huir
de aquí, de la rutina, para reunirte contigo mismo allá en las montañas o al
borde del mar. El mar, ¿cómo será ante mis ojos?
Amigo mío, anduviste por caminos que fueron sangre porque sangre te
costaron; caminaste nadando entre lágrimas, unas de tristeza, otras de emoción.
Sentiste el horror, el pánico, incluso algunas veces el deseo de no haber
nacido nunca en tu condición de ser humano.
Pero también has conocido senderos que fueron dulzura, paz y amor.
Siempre supiste soportar las adversidades, camuflarte ante los peligros,
guarecerte cuando llovía, así como gozar de los buenos momentos, dejar tu
cuerpo en éxtasis ante un paisaje, una cascada, un árbol, una flor o una
delicada mariposa.
Has palpado bien la soledad teniendo como única pero eterna compañera
a tu sombra.
Te envidio, has llegado a tomar la libertad, abrazarla y sentirte
dichoso entre sus brazos.
Pero, mi viejo caminante, los años empiezan a aplastarte contra el
suelo, clavando en él tus raíces e impidiendo que puedas moverte como antes.
Espíritu vivo de la aventura, tú ya no puedes continuar, tus piernas
están ya débiles, cansadas y empiezan a dolerte. Ahora reposarás en cualquier
banco, buscarás la fresca sombra en verano y el cálido sol en invierno.
Recordarás tus viajes cerrando los ojos para así volver a ver aquellos
amaneceres y puestas de sol en el horizonte de tus caminos, pero nunca volverás
a tocar con tus propias manos nada de aquello.
Mi buen maestro, el abismo de tu camino no existe, pues seré yo quien
lo continúe siendo fiel a tus costumbres. Y volver, deseando verte para
contarte todas mis aventuras y desventuras. Yo alimentaré el espíritu nómada de
tu vejez como alimentaste y modelaste tú el mío en mi niñez.
Ahora, aquel niño, aquel muchacho es ya todo un hombre. Tomaré el relevo que tú
me prestas y correré lejos de aquí como tú hiciste.
Ya no aguanto más en el pueblo, cada día me parece todo más igual: los
árboles, las montañas, las casas, las personas. Parece como si todo se cerniera
sobre mí intentando acorralarme y retenerme. Quiero volar lejos y encontrarme a
mí mismo.
Viviré en constante soledad, amándola para comprender que me amo a mí
mismo. Acariciaré con ternura esos momentos en los que me sienta muy dentro de
mí, allá en el fondo de mi ser. Permaneceré quieto, sin obedecer estímulo
alguno, daré rienda suelta a las fuerzas de mi interior para que escapen al
exterior y se mezclen con el aire fresco y perfumado, dejando mi cuerpo sólo y
liviano. Llegaré algún día a la cima de esa montaña de la que tú tanto me has
hablado, alzaré mis brazos al cielo, dejando envolver mi desnudez por la brisa y
la magia de esos momentos. Tanta belleza ¿Verdad? Los valles, los lagos, los
pueblos. Reconocer que el mundo es precioso en un universo de rincones. El
verde de los campos, las praderas, los bosques. El azul de los ríos del cielo y
del mar. El gris de las majestuosas montañas tocadas de nieve en sus picos.
Sentir el placer de verme diminuto ante tanta grandeza.
Tomaré la libertad que me corresponda como un don de la naturaleza. Tanta impaciencia, tanto tiempo esperando para, por fin, ver con mis propios
ojos todo lo que tú me has descrito con tanto esfuerzo durante estos años. Así,
aprenderé a reconocer a la naturaleza como madre de entre todas las madres, reina
entre las reinas; aprenderé a amarla, respetarla y a tomar cada uno de sus
bienes con la mayor delicadeza que me sea posible. Me dejaré envolver en la
humedad de la niebla, nadaré y me sumergiré en las limpias aguas de aquel
profundo lago, refrescaré mi rostro y doloridos pies donde corra un arroyo puro
y fresco. Amaré a esas mujeres que surgen de entre las sombras de la oscuridad
para darme todo su calor y luego desaparecer sin darme cuenta, hasta que despierte
preguntándome si todo ha sido un sueño.
Sí amigo, ya lo sé, la vida del caminante es dura y sacrificada pero
yo me haré duro y sacrificado con ella.
Mañana romperé mis cadenas y emprenderé mi primer viaje. Tú me
acompañarás hasta la salida del pueblo y esperarás hasta perderme de vista allá
donde tus cansados ojos alcancen. Pasarán los días, las semanas y sin darte
cuenta, subirás todos los días intentando verme llegar para abrazarme y esperar
a que yo te lo cuente todo como hacías tú conmigo. Volveré, viejo, volveré, tú
me esperarás, no te vayas jamás en mi ausencia. No, sólo quiero que antes de
que emprendas tu último y más largo viaje te lleves de mí y de este mundo tuyo
y mío el mejor recuerdo.
KIKE allá por los noventa
domingo, 3 de enero de 2016
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