Vemos
a nuestra amiga y podemos pensar que tanta lluvia, tanta agua
acumulada sobre sí la ha doblegado, con tan mala suerte que lo hace
sobre una corriente de agua que la arrastra hasta que no da más y, mimbreando, vuelta a empezar, quedando capturada en una secuencia
eterna de ahogada agonía.
Nada
más lejos de la fantasía.
Cuando
fui ha ayudar a nuestra damisela me dijo que por favor no se me
ocurriera tocarla y que...
--Sólo
estoy mirando mi bonito reflejo en el agua. Cuando deje de llover, ya
no podré.
¡Presumida
ella!
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