A
veces, cruzo la mirada con desconocidos porque pienso que es una
manera de abrir puertas, espacios desconocidos, sensaciones perdidas.
A veces, cruzo la mirada con desconocidos porque en esos instantes habita una entrega de palabras perdidas que quizá haya que recuperar.
A veces, cruzo la mirada con desconocidos porque a su efímera eternidad se suben mil detalles de cantos de ruiseñor que las flores iluminan.
A veces, siento la necesidad de cruzar la mirada con extraños para desconocerme en ellos y así sentir la humildad precisa, aquella que me enseña.
A veces, cruzo la mirada con rostros anónimos mientras canta un ruiseñor, entonces, una suave brisa se desliza entre mis rizos dejando posarse pensamientos, luz y un poquito más de vida.
Respiro con calma y el aire, su sabor, es distinto, es mejor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario