jueves, 22 de noviembre de 2018

ETERNIDAD SALVAJE

Fué a nacer a su pié, allá en lo más alto y profundo del bosque de las Madroñeras y a su abrigo, comenzó a crecer.

Poco después, en los largos y calurosos días de verano, la enorme mole comenzó a regalarle la frescura y humedad que bajo ella guardaba. Entonces, el árbol, comenzó a dejar crecer sus ramas por encima de ella para así evitar que se mojara los días de lluvia, protegerla de los más fuertes rayos de sol y de las más frías heladas.
Pasó el tiempo y el árbol, al crecer, comenzó a echar de menos el roce del vestido de arenilla y musgo de su amiga la piedra y ella, triste, también comenzó a echar de menos las caricias de rama y hoja de su compañero el árbol.
Así hasta que un atardecer de viento, loco ya de amor y pasión, nuestro alcornoque quiso aprovechar su fuerza para acercarse una vez más hasta la preciosa roca y … lo consiguió.
Ahora, los dos, a su manera, viven en un abrazo eterno el amor.



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