LA COMPRENSIÓN DE VUESTRA
IDIOSINCRASIA
Cuando
te ve llegar sonríe y no sabe por qué. ¿Serán tus pasos largos que
no
tocan suelo? ¿Serán tus mordiscos a la simpatía en vuestra última
cita?
No lo sabe y tampoco le importa demasiado
hacer caso a las cosquillas
que
se derraman y nunca caen, siempre que
permanezcan en su cabeza
ese
ratito en que tu idiosincrasia se adueña de ellas.
Y cuando llegas a su lado y tus ojos se le
hacen sol, no puede
evitar
decirte cuanto le gustan y así, sin quererlo, los abres más y siente
como
su parte oscura se ilumina un poquito, escondiendo en sus reflejos
la
timidez de las palabras que nunca dirá, pero, ¿Sabes?, si es de mañana,
te
dará los buenos días con la inocente y sonrojada culpabilidad de que
para
él ya lo son.
A veces, cuando estáis sentados juntos,
mirando cada uno a un lado,
perdido
cada cual en su pensar, parecéis colegas ciegos de la sutil
incomprensión. Vuestras dudas se rozan, se comparten y
parece que se
hacen simples y simplemente más llevaderas. Es
como si os adueñarais
de
una turbada complicidad que bebéis en silencio, aquella que solo
vosotros podéis destilar tras el alambique de la vida y que os regaláis
mutuamente.
Y creo que sorbo a sorbo es vuestra manera de
acariciaros y os envidio
porque
en esos momentos os rodea una tibia brisa única y vuestra.
Y me resulta bonito ver cómo pasan los días y
nada cambia.
Creo que aquello que os hace no necesita nada.
Lucki y Tizón el 29 de Diciembre del 2016

No hay comentarios:
Publicar un comentario