DESHUMANIZACIÓN.
Me
doy cuenta de que me estoy deshumanizando.
Casi a diario puedo ver en la televisión una
explosión que
quita la vida a niños, mujeres, hombres, sin distinción alguna.
Personas que están ahí y de repente dejan de estarlo.
Después yacen algunos
vivos, otros muertos pero todos en el
mismo charco de sangre.
O
quizá es una mujer semienterrada, atada y tapada con un
saco que sabe que va a
morir mientras una multitud la apedrea,
quizá por el hecho de haber sido
violada, o quizá, la mujer es
de
aquí y aparece con una manta que oculta
que ha sido
degollada por un marido abandonado.
En ambos casos, los locutores se ahorran
aquella añorada
coletilla que venía a
decir algo así como que las imágenes que
van a ver a continuación pueden herir
su sensibilidad.
Ciertamente,
por desgracia, he de reconocer que en mi caso
hacen muy bien en ahorrársela.
Últimamente (hablo de años)
esas imágenes y otras que todos sabemos, no afectan
a mi
sensibilidad, es más, las puedo ver comiendo o cenando tan
tranquilamente. ¿Les suena?
Está
claro, ya de paso, que esa falta de sensibilidad implica
después una aberrante pérdida de empatía por mis
semejantes.
Sin embargo, sí hubo hace unos meses unas
imágenes que me
golpearon dentro.
Se
trataba una vez más un atentado, no recuerdo en qué
parte del mundo. Había en
una plaza por lo visto una bicicleta
bomba, todo estaba acordonado y un
especialista en
desactivar estos artefactos se acercó con un pastor alemán
que
movía el rabo alegremente a la bicicleta
que estaba justo
en un ángulo que no se veía. Unos metros antes de llegar se
produjo
la explosión e inmediatamente apareció huyendo de
allí el hombre, que
iba totalmente equipado, tirando de la
correa, arrastrando el cuerpo del animal
inmóvil.
Ese
día no comí y me aferré a la esperanza de que aquel
hombre iba hacer todo lo posible por ese inocente perro, su
compañero, que tan solo iba a jugar a
descubrir bombas.
Hace
unos días, en China (esta vez y es muy curioso, sí que
avisaron de que podían
herir nuestra sensibilidad) aparecía
con
casi todo lujo de detalles como se estaba dando caza a
perros no sólo
callejeros, también robados de sus dueños
para simplemente fabricar bolsos o
juguetes con su piel.
Esta vez no voy a
entrar en más crueles detalles.
Tuve, esta vez, una sensación de infinita
tristeza que acabó
en náusea.
Sin
embargo, ha sido hace un par de días cuando navegando
me tropecé con lo que hasta
ahora más definitivo ha sido a la
hora de tener clara mi deshumanización y no
por sorpresa, la
ya total y absoluta entrega
a mi canización (esta es una nueva
palabra que se refiere al hecho de
hacerse can, o sea, perro)
visto el claro exponente diferencial de valores.
Esta
vez fue una foto donde aparece un lobo abatido con
una escopeta encima, un
cazador a su lado y otro lobo
atrapado
en un cepo que mira toda la escena
aterrorizado.
¿cómo
puedo pertenecer a una especie tan cruel?
El
lobo abatido no quiso dejar solo a su compañero.
KIKE. Mediados de noviembre 2015
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