miércoles, 11 de noviembre de 2015

Deshumanización

DESHUMANIZACIÓN.

Me doy cuenta de que me estoy deshumanizando.

 Casi a diario puedo ver en la televisión una explosión que 

quita la vida a niños, mujeres, hombres, sin distinción alguna. 

Personas que están ahí y de repente dejan de estarlo. 

Después yacen algunos vivos, otros muertos pero todos en el 

mismo charco de sangre.


O quizá es una mujer semienterrada, atada y tapada con un 

saco que sabe que va a morir mientras una multitud la apedrea, 

quizá por el hecho de haber sido violada, o quizá,  la mujer es 

de aquí  y aparece con una manta que oculta que ha sido 

degollada por un marido abandonado.

  En ambos casos, los locutores se ahorran aquella añorada 

coletilla  que venía a decir algo así como que las imágenes que 

van a ver a continuación pueden herir su sensibilidad.

Ciertamente, por desgracia, he de reconocer que en mi caso 

hacen muy bien en ahorrársela. Últimamente (hablo de años) 

esas imágenes y otras que todos sabemos, no afectan a mi 

sensibilidad, es más, las puedo ver comiendo o cenando  tan 

tranquilamente. ¿Les suena?


Está claro, ya de paso, que esa falta de sensibilidad  implica 

después  una aberrante pérdida de empatía por mis 

semejantes.

Sin embargo, sí hubo hace unos meses unas imágenes que me 

golpearon dentro.

Se trataba una vez más un atentado, no recuerdo en qué 

parte del mundo. Había en una plaza por lo visto una bicicleta 

bomba, todo estaba acordonado y un especialista en 

desactivar estos artefactos se acercó con un pastor alemán 

que movía el rabo alegremente  a la bicicleta que estaba justo 

en un ángulo que no se veía. Unos metros antes de llegar  se 

produjo  la explosión e inmediatamente apareció huyendo de 

allí el hombre, que iba totalmente equipado, tirando de la 

correa, arrastrando el cuerpo del animal inmóvil.

Ese día no comí y me aferré a la esperanza de que aquel  

hombre iba hacer  todo lo posible por ese inocente perro, su 

compañero, que  tan solo iba a jugar a descubrir bombas.


Hace unos días, en China (esta vez y es muy curioso, sí que 

avisaron de que podían herir nuestra sensibilidad)  aparecía 

con casi todo lujo de detalles como se estaba dando caza a 

perros no sólo callejeros, también robados de sus dueños 

para simplemente fabricar bolsos o juguetes con su piel.

  Esta vez no voy a entrar en más crueles detalles.
  
Tuve, esta vez, una sensación de infinita tristeza que acabó 

en náusea.


Sin embargo, ha sido hace un par de días cuando navegando 

me tropecé con lo que hasta ahora más definitivo ha sido a la 

hora de tener clara mi deshumanización y no por sorpresa, la 

ya total y absoluta entrega  a mi canización (esta es una nueva 

palabra que se refiere al hecho de hacerse can, o sea, perro) 

visto el claro exponente diferencial de valores.

Esta vez fue una foto donde aparece un lobo abatido con 

una escopeta encima, un cazador a su lado y otro lobo 

atrapado 

en un cepo que mira toda la escena aterrorizado.

¿cómo puedo pertenecer a una especie tan cruel?

El lobo abatido no quiso dejar solo a su compañero.


KIKE.  Mediados de noviembre 2015

No hay comentarios:

Publicar un comentario