Allí subimos serpenteando por la carretera que une Pasarón de la Vera con este pueblo bien famoso por sus fiestas de Jarramplas y más cosas. Nosotros que ibamos al rescate de un amigo tragamillas con su coche pues aprovechamos el viaje. He querido dejar aquí constancia del agradable rato que pasamos respirando literalmente aire puro y aromas de tomillo.
Dimos un paseo y nos encontramos con esta planta de manera abundante.
Sus flores, tan diminutas como escasas me llamaron la atención y no dudé en traerme su imágen.
La tarde fué cayendo dejándonos muy claro que este pueblo vecino está tan alto que el sol se pone por debajo de él.
Alguien diría que resulta, cuando menos inquietante, la nubecilla horizontal que se aprecia a la izquierda de la imagen, en el centro.
La tarde avanzó y terminó dejándonos algún que otro regalo para los ojos, el espíritu y todo eso.
Y al volver de regreso a Pasarón nada fuera de lo normal, unas explosiones atómicas a lo lejos, pero nada más.
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