domingo, 4 de septiembre de 2016

Eternidad salvaje.

Nuestro árbol caído no es un árbol cualquiera, no.
Hace tiempo, no sé cuánto, no sé cómo, fue a dar con sus ramas al suelo, quizá una fuerte tormenta, quizá un rayo le abrazó, quizá era débil, no lo sé, hay secretos que se esconden tras la más fuerte de las cortezas permaneciendo ahí para siempre.
Sin embargo, parece no aceptar su suerte e intenta incorporar su cuerpo inerte en un esfuerzo imposible que desafía todas las leyes que un día fueron dictadas.
Los otros árboles, por alguna causa, se acercan hasta este lugar y se desnudan ante él cada cierto tiempo.

Tampoco sé porqué lo hacen pero me gusta pensar que su fin es entregar una parte de sí mismos para ayudar a su compañero caído, de hecho, se diría que ya parece erguirse y es que, no nos engañemos pues ellos no lo hacen, en realidad, nada muere para la eternidad.


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