Nuestro árbol caído no es un árbol cualquiera, no.
Hace tiempo, no sé cuánto, no sé cómo, fue a dar con sus ramas al
suelo, quizá una fuerte tormenta, quizá un rayo le abrazó, quizá era débil, no
lo sé, hay secretos que se esconden tras la más fuerte de las cortezas
permaneciendo ahí para siempre.
Sin embargo, parece no aceptar su suerte e intenta incorporar su
cuerpo inerte en un esfuerzo imposible que desafía todas las leyes que un día fueron dictadas.
Los otros árboles, por alguna causa, se acercan hasta este lugar y se desnudan
ante él cada cierto tiempo.
Tampoco sé porqué lo hacen pero me gusta pensar que su fin es entregar
una parte de sí mismos para ayudar a su compañero caído, de hecho, se diría que
ya parece erguirse y es que, no nos engañemos pues ellos no lo hacen, en
realidad, nada muere para la eternidad.
.
No hay comentarios:
Publicar un comentario