Pasan veinte minutos ya de la medianoche y no sólo no llueve si no que incluso se ven algunas estrellas. Tampoco hace nada de viento. Aquí, dentro de mi humilde observatorio estoy entre 20 y 21 grados.
El perro y el gato duermen en su manta. Podría decir que esta madrugada del cuatro de octubre la calma es chicha.
Venía yo con la esperanza de escuchar la lluvia aporrear el techo ... ¿90% de probabilidad? ¡JA!
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